31 de marzo de 2017

Theatrum: PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN, una singular iconografía narrativa






PASO PROCESIONAL PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN (Antiguo paso del Expolio)
Cristo: Francisco Alonso de los Ríos  (Valladolid, hacia 1600-1660)
Sayones: Juan de Ávila (Valladolid, 1652-1702)
Cristo: 1641 / Sayones: 1678
Madera policromada y postizos
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Procedente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Valladolid
Escultura barroca española. Escuela castellana







La histórica Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno fue fundada en 1596 en el seno del convento de San Agustín, después de la aprobación de su Regla en 1600 por Bartolomé de la Plaza, primer obispo de Valladolid, con la titulación de Cofradía de la Cinta de Nuestro Padre San Agustín y Santa Mónica, de Nuestra Señora de la Consolación de Bolonia, Ánimas de San Nicolás de Tolentino y Jesús. En dicha iglesia, según informa el Libro Becerro, disponían de una capilla que acabaría recibiendo la advocación de su Cristo titular. Allí realizaban sus cultos y participaban en las procesiones con tres pasos de imaginería ligera o papelón. La comunidad de agustinos y la hermandad de nazarenos permanecieron en concordia y armonía durante años, aunque pasado un tiempo comenzarían unos desencuentros que produjeron la eliminación del representante agustino en el Cabildo de Gobierno de la cofradía y la celebración de sus reuniones preceptivas en lugares ajenos a San Agustín, en los desaparecidos templos de San Julián y de Nuestra Señora del Val.

Desde la primera década del siglo XVII los nazarenos vallisoletanos comenzaron a plantear la posibilidad de disponer de su propia iglesia como sede canónica, que además debería contar con un hospital, ocurriendo un hecho que vendría a acentuar el enfrentamiento con los agustinos. En 1612, un grupo perteneciente al gremio se pasamaneros, representados por Damián Torres, Manuel Hermosilla, Gaspar Baca y Juan de la Torre, con Pedro Márquez a la cabeza, encargaba a Gregorio Fernández el paso de la Crucifixión —conocido en la actualidad como Sed tengo— para ser donado a la Cofradía de Jesús Nazareno.

Este paso, el primero de la cofradía a escala monumental, pasaría a ser denominado Paso grande, causando tan fuerte impacto entre los agustinos la genial figura del crucificado fernandino que le solicitaron a la cofradía para presidir el altar mayor de su iglesia —la separación de las figuras principales de los pasos procesionales para recibir culto por separado a lo largo del año era una práctica común en todas las cofradías—, hecho que se consumó en 1616. Con el paso de los años esto despertó el recelo de los nazarenos, que viendo peligrar su uso procesional hicieron firmar a los agustinos que el depósito de las imágenes en su iglesia tenía un carácter provisional, justo hasta la terminación del templo que ya habían comenzado a construir, después de que en 1627 el regidor Andrés de Cabezón ofreciera a la Cofradía unos terrenos colindantes a la plaza de la Rinconada.

Una primera desavenencia entre nazarenos y agustinos se produjo en 1651, aunque siguieron manteniendo los vínculos entre ambos, produciéndose la ruptura definitiva en 1676, cuando ya terminada su propia sede y redactada su nueva Regla, tras la procesión del Viernes Santo los nazarenos se apropiaron de los pasos que eran custodiados en el convento de San Agustín. Ello dio lugar a un pleito entablado por el convento agustino, que consideraba los pasos de su propiedad, cuya sentencia, emitida en 1678, les fue favorable, obligando a los nazarenos a devolver todos los pasos procesionales a los frailes1.

Esto apremió a la Cofradía de Jesús Nazareno a encargar nuevos pasos e imágenes sustitutorias de las que perdieron. Por este motivo, aunque el escultor Juan Antonio de la Peña presentó un modelo que sustituyera al paso del Expolio o Despojo, tal y como se cita en la documentación de la época, la cofradía aceptaría la propuesta del escultor Juan de Ávila, cofrade nazareno, que en 1678 recibía el encargo de realizar el nuevo paso mimético al que los nazarenos vallisoletanos disponían al menos desde 1622 y del que en 1629 el escultor Melchor de la Peña hizo una copia para la Cofradía de Jesús Nazareno de Medina del Campo que permite recomponer su aspecto y composición, compuesto por cuatro sayones y la figura de Cristo en el momento de ser despojado de sus vestiduras por uno de ellos al "redopelo", término que define un brusco movimiento a contrapelo sobre el paño pegado a las heridas y que pasó a ser el apodo del paso.


Siguiendo la primitiva composición e imitando las composiciones fernandinas, Juan de Ávila entregaba en 1680 un nuevo paso compuesto por tres sayones —uno menos que el original— y la figura de Cristo despojado, que desfiló por primera vez en la Semana Santa de aquel año. Uno de los sayones, rodilla en tierra, perfora con una barrena la cruz depositada en el suelo, otro se afana con un azadón en cavar un hoyo para encajar la cruz y el tercero, que en la primitiva composición sujetaba una lanza, retiene a Cristo con una soga al cuello, no incluyendo el sayón que le arrebataba las vestiduras dando lugar al popular nombre del paso, aunque se mantenía la túnica de tejido real a los pies de Cristo.

Los tres sayones presentan un cierto encorsetamiento gestual y rostros algo rudos, algo poco frecuente en la obra de Juan de Ávila, hecho que podría justificarse por el trabajar condicionado por la obra preexistente que debía copiar y por ser su primera incursión en la escultura grupal con fines procesionales. En este sentido, conviene remarcar la dificultad que suponía el diseño de un paso cuya plataforma debía ser trasladada a hombros por los costaleros, lo que obligaba no sólo a realizar una composición que adquiría distintos matices según los diferentes puntos de vista en su contemplación callejera, sino también la colocación de las figuras atendiendo al reparto del peso sobre la plataforma, en este caso con dos figuras a cada lado del eje central y la cruz colocada en diagonal.

De forma anacrónica, aunque con un toque de fantasía, los tres visten una indumentaria común en el vestuario masculino español del momento en que se hacen las esculturas, con jubones con botonaduras y cintas, calzas, medias, botas y zapatos, dos de ellos con gorros de fantasía que contrastan con la acentuada calvicie del "barrena". Para resaltar su exotismo se emplean en la policromía vivos colores, no estando ausente en las facciones de los verdugos el componente caricaturesco que despertaba pasiones populares, como el que porta el azadón, de raza africana; el que barrena, narigudo y desdentado; y el que sujeta la cuerda, bizco y con el ceño fruncido, estableciendo entre ellos, como un lenguaje codificado, una evidente diferencia racial de judíos, tal vez con la intención de representar los pecados de toda la humanidad2.

Juan de Ávila también realizó la figura de Cristo recién despojado que seguía las pautas del paso anterior, con la anatomía en plena desnudez y amarrado al cuello por la soga que sujeta el sayón, cordón en la garganta que en un cabildo celebrado en 1603 se acordó que, como gesto de humildad, fuese el distintivo de todos los cofrades nazarenos3
Este Cristo, que como ya se ha dicho desfiló por primera vez en el paso del Expolio en 1680, pasaría a recibir culto por separado a lo largo del año en un retablo colateral que para la nueva iglesia de Jesús Nazareno realizaría el ensamblador Blas Martínez de Obregón en 1706. Pero las incidencias del paso no habían acabado, pues en un incendio producido el año 1799 tanto la imagen del Cristo de Juan de Ávila como el retablo que lo albergaba sucumbieron pasto de las llamas.

No obstante, de nuevo la Cofradía de Jesús Nazareno encargaba en 1801 una nueva copia mimética al escultor Claudio Cortijo, que sería colocada en el mismo lugar de la iglesia penitencial de Jesús Nazareno, en un retablo neoclásico realizado en 1811 por José Bahamonde. Aunque esta escultura del conocido como Cristo del Despojo no alcanza por su rigidez anatómica el nivel de calidad y la expresividad de las obras de Juan de Ávila, al menos permite recomponer el aspecto de la talla original ajustada al relato del episodio inmediatamente anterior a la Crucifixión, con la figura de Cristo solamente cubierto por el paño de pureza, el cuerpo ligeramente inclinado hacia la cruz, la pierna derecha adelantada y los brazos elevados a la altura de la cintura sugiriendo su despojo y un gesto de perdón habitual en esta iconografía. El estar dotado de ojos de cristal hace presuponer que también los tuviera el modelo de Juan de Ávila, que se habría esmerado en el acabado, como era costumbre, de la figura principal del paso.
 Por una copia del Expolio vallisoletano realizada en 1674 por el escultor Francisco Díez de Tudanca para la Cofradía de Jesús Nazareno de León, podemos aproximarnos el aspecto del original de Juan de Ávila, con un movimiento anatómico mucho más naturalista y dinámico que en la talla de Claudio Cortijo.

RECONSTRUCCIÓN DEL PASO

A consecuencia de los decretos desamortizadores, los sayones que componían el paso del Expolio fueron recogidos en el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid —desde 1933 Museo Nacional de Escultura—, donde como única referencia de origen fueron marcados con una "J" incisa en sus espaldas para indicar su procedencia de la Cofradía de Jesús Nazareno. 
En 1920 Remigio Gandásegui, arzobispo de Valladolid, emprendía el proceso de recuperación de las tradicionales procesiones de Semana Santa, para lo que contó con la colaboración del arquitecto e historiador Juan Agapito y Revilla y de Francisco de Cossío, por entonces director del citado museo. 
Agapito y Revilla inició en 1922 la reconstrucción de los pasos recogidos en aquella institución, entre ellos el paso del Expolio, pero al no disponer de la imagen del Cristo del Despojo, por permanecer al culto en la iglesia penitencial de Jesús Nazareno, incorporó en su lugar la figura de un Ecce Homo también ingresado en el museo tras los decretos desamortizadores, el cual, realizado en 1641 gracias a las limosnas del hermano Andrés de San Nicolás4, procede de una capilla del desaparecido convento San Nicolás de Tolentino (Agustinos Recoletos). Con esta composición el paso se ha mantenido hasta nuestros días, aunque por su iconografía la primitiva denominación del Expolio fue cambiada, para ajustarla a la secuencia lógica de los episodios de la Pasión, por Preparativos para la Crucifixión, que es como se le conoce hoy día.

Actualmente la talla del Ecce Homo viene siendo atribuida al escultor Francisco Alonso de los Ríos, artífice de repetidos y apreciables modelos iconográficos de este tema en los que siguiendo la estela iconográfica de Gregorio Fernández consigue impregnar su propio estilo, como se patentiza en el Ecce Homo realizado para la ermita de la Vera Cruz de Nava del Rey, que repite miméticamente el modelo fernandino de la iglesia de la Vera Cruz de Valladolid, en el Ecce Homo del convento de Santa Ana, inspirado en el magistral modelo de Gregorio Fernández que se guarda en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid,  y en el Ecce Homo que procedente de la iglesia de San Juan de Letrán actualmente se conserva en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, que fue atribuido a Francisco Alonso de los Ríos por Jesús Urrea y que presenta una composición muy similar, así como rasgos estilísticos comunes al modelo incorporado al paso Preparativos para la Crucifixión, motivo por el que Luis Luna Moreno ha atribuido la autoría a ambas esculturas a Francisco Alonso de los Ríos.  

La figura de Cristo aparece estática, ofreciendo un gesto de sumisión al colocar los brazos cruzados a la altura del pecho, la bella cabeza ligeramente ladeada hacia la derecha y una mirada suplicante dirigida a lo alto. Su desnudez aparece recubierta por el paño de pureza y por una clámide púrpura que presenta la peculiaridad de estar tallada enteramente en madera, resuelta en finas láminas como recurso habitual en la escuela vallisoletana. Lleva aplicados diferentes postizos, como ojos de cristal, dientes de hueso, corcho en las llagas, corona de espinas de trenzado real y una soga atada al cuello.

El paso fue completamente restaurado y presentado en público en el año 2000, permitiendo desde entonces apreciar detalles de la talla que antes pasaban desapercibidos, así como su policromía original, que estaba enmascarada bajo las capas aplicadas en 1700 por José Díez de Prado y en 1795 por Ramón Olivares. También permitió presentar las figuras de un modo naturalista, sin las pletinas metálicas aplicadas a las piernas para mantener su sujeción al paso. Durante los desfiles de Semana Santa este paso es alumbrado por la Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura, con sede canónica en la iglesia de San Andrés, aunque durante todo el año es conservado en el Museo Nacional de Escultura, donde es presentado como un conjunto de gran interés por la peculiaridad de su iconografía.            

Claudio Cortijo. Cristo del Despojo, 1801
Iglesia Penitencial de Jesús Nazareno, Valladolid
Informe y fotografías: J. M. Travieso.




NOTAS

ARRIBAS ARRANZ, Filemón: La Cofradía penitencial de N. P. Jesús Nazareno de Valladolid. Valladolid, 1946, pp. 82-90.
Se desconoce el destino que tuvo el primitivo paso del Expolio, que pudo ser tallado por Gregorio Fernández o alguno de sus seguidores.

2 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio: Preparativos para la Crucifixión. En Pasos restaurados, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2000, p. 68.

3 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio. Op. cit. p. 68.

4 FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Patrimonio perdido. Conventos desaparecidos de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1998, p. 523.

















































Francisco Alonso de los Ríos. Ecce Homo. Museo de Santa Ana, Valladolid 















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29 de marzo de 2017

VIAJE: FIESTA DE LOS PATIOS CORDOBESES, del 5 al 7 de mayo 2017

PROGRAMA

Viernes 5 de mayo
Salida a las 15,15 desde Vallsur (Camino Viejo de Simancas) y a las 15,30 horas desde la plaza de Colón con dirección a Almendralejo. Cena y alojamiento en el hotel Acosta Vetonia (3*).

Sábado 6 de mayo   Almendralejo-Córdoba-Sevilla
Salida a las 8 h. con dirección a Córdoba. Visita a una representación de los patios cordobeses. Programa Domus. Almuerzo en el Hotel Restaurante Selu. Al finalizar la comida, visita a la Mezquita-Catedral y la Sinagoga. A las 18 horas, salida hacia San Juan de Aznalfarache (localidad próxima a Sevilla). Cena y alojamiento en el hotel Trh Alcora (4*). Durante estas fechas se celebra la Feria de Abril.

Domingo 7 de mayo   Sevilla-Valladolid
Salida a las 8 h. del hotel para realizar una visita panorámica a la ciudad de Sevilla. Visita al Hospital de la Caridad y al Monasterio de San Isidoro del Campo. Alrededor de las 15 h. se realizara el almuerzo en Monesterio. A continuación regreso a Valladolid, donde está ha previsto llegar alrededor de las 21,30 h.


PRECIO SOCIO en habitación doble: 260 €
PRECIO NO SOCIO en habitación doble: 275 €
PRECIO SOCIO en habitación individual: 305 €
PRECIO NO SOCIO en habitación individual: 320 €

 REQUISITOS: Grupo mínimo 35  y máximo 45 personas.

INCLUYE:
Viaje en autocar
Régimen de pensión completa
Seguro de Viaje
Dossier de Domus
Guías locales en Sevilla y Córdoba
Entradas a la Mezquita y Sinagoga de Córdoba, al Hospital de la Caridad de Sevilla y al Monasterio de San Isidoro del Campo.

NO INCLUYE:
Extras o aquello que no esté especificado en el apartado anterior.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: Por correo a domuspucelae@gmail.com o por tfno. 608 419228, a partir de las 0 horas del día 29 de marzo.

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II Muestra de Teatro DOMUS PUCELAE, 5, 12 y 19 de abril 2017































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27 de marzo de 2017

Comienza el Curso "PATRIMONIO EN CLAUSURA. HISTORIA Y ARTE DE LAS CLAUSURAS FEMENINAS DE VALLADOLID"

El pasado día 24 de marzo dio comienzo el curso "Patrimonio en clausura. Historia y Arte de las clausuras femeninas de Valladolid", organizado por Domus Pucelae, el Centro Buen Día y la Universidad de Valladolid. En el acto de presentación, celebrado en el salón de actos del Museo de la Universidad, intervinieron Ramón Pérez de Castro, coordinador general del curso, Jesús Santos, representante de Domus Pucelae, Luis Javier Argüello, obispo auxiliar de Valladolid, y Jesús Urrea, director del Museo de la Universidad, que glosaron desde distintos puntos de vista sobre el interés que ofrece el ingente y desconocido patrimonio que se custodia en las clausuras vallisoletanas, precisamente aquel que quieren conocer de cerca los participantes del curso.

Siguiendo el programa, fue impartida la primera de las conferencias por Jesús Urrea (Dpto. de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid), que glosó acerca de la presencia del arte italiano en las clausuras vallisoletanas, resaltando la singularidad de las obras que se conservan en los conventos de la Concepción del Carmen, en las Descalzas Reales y Nuestra Señora de Porta Coeli, relacionando la llegada de dichas obras con la labor de los influyentes personajes que ejercieron como patronos de dichos conventos.

La siguiente conferencia corrió a cargo de Lourdes Amigo (Dpto. de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid), que versó sobre las fiestas en las clausuras, su repercusión y su vinculación con la ciudad, recordando sonados festejos que fueron narrados por distintos cronistas y poniendo de manifiesto que las fiestas en la sociedad sacralizada del viejo Valladolid fueron una actividad continua en la que participaban masivamente los vallisoletanos.

Esta actividad de carácter académico tuvo su continuación el sábado 25 con la visita detallada de todos los participantes en el curso al convento de la Concepción del Carmen, cuarta fundación de Teresa de Jesús, donde las carmelitas descalzas mostraron sus dependencias más íntimas y el impresionante acervo artístico que guardan entre sus muros. Siguió la visita al monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, vinculado a la recia figura de la reina María de Molina, que igualmente atesora un nutrido conjunto de obras maestras. En ambos casos las visitas fueron dirigidas por profesores especialistas de la Universidad de Valladolid.

Visita al convento de al Concepción del Carmen
La próxima sesión del Curso tendrá lugar el próximo viernes 31 de marzo.  















Visita al monasterio de las Huelgas Reales













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Música en marzo: LOS BILBILICOS, canción tradicional sefardí en versión de Shimon Siboni



El cantante Shimon Siboni, acompañado del flautista Amir Shahsar y de la The New Andalusian Orchestra Ashkelon, interpreta una canción del Romancero Sefardí titulada "La rosa enflorece", más conocida como "Los bilbilicos", en una grabación realizada en 2011 en Jerusalén.

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24 de marzo de 2017

Exposición: VERA ICON. SÍMBOLO E IMAGEN DE LA PASIÓN, del 17 de marzo al 16 de abril 2017
















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Theatrum: CRISTO DE LA HUMILDAD, exacerbado afán de conmover a través de los sentidos













CRISTO DE LA HUMILDAD O CRISTO DEL GALLO
José de Rozas (?-Valladolid, 1725)
1691
Madera policromada y postizos
Iglesia de San Martín, Valladolid
Escultura barroca española. Escuela castellana















El origen de la imagen del Cristo de la Humildad, representación estricta del Ecce Homo, está vinculado a la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad, fundada en Valladolid hacia 1504 por un grupo de banqueros genoveses. Al poco tiempo de su fundación, esta cofradía ya contaba con dos pasos procesionales, uno que representaba un Ecce Homo y otro con el pasaje de la Lanzada de Longinos, aunque en 1636, ante el deterioro del primero, fue encomendada su restauración a Diego Pérez, que reelaboró su policromía. Al parecer, este trabajo no fue lo suficientemente perdurable, pues en 1691 la Cofradía de la Piedad, ante la degradación de la imagen, encargaba una nueva talla al escultor José de Rozas, con taller en Valladolid. La nueva escultura, que supuso a la Cofradía un desembolso de 100 ducados, fue conocida popularmente como Cristo de la Caña1 y Cristo del Gallo, puesto que la imagen del Ecce Homo iba acompañada, entre otros atributos, de la figura de un gallo alusivo a las negaciones de San Pedro.

Así desfiló en las procesiones de Semana Santa desde finales del siglo XVII, permaneciendo al culto a lo largo del año en un retablo colateral barroco de la desaparecida iglesia penitencial de la Cofradía de la Piedad (ubicada en la confluencia de las actuales calles de López Gómez y Fray Luis de León), derribada junto a su Hospital de Convalecientes en 1789. En ese momento la imagen del Cristo de la Humildad se preservó en la capilla del Buen Suceso de la iglesia del Salvador, donde permaneció durante un año antes de ser trasladada a la iglesia de San Antonio Abad, sede de frailes hospitalarios situada junto al antiguo colegio de jesuitas de San Ambrosio, donde fue venerada por la comunidad antoniana durante casi ciento cincuenta años. Al menos entre 1864 y 1911 seguía participando en las procesiones, según testimonio de Agapito y Revilla.

Se desconoce el momento en que dejó de participar en los desfiles procesionales, aunque es posible que fuera a causa del derribo del templo de San Antonio Abad en 1939, año en que su patrimonio fue dispersado por otros templos vallisoletanos, como la iglesia del Carmen de Las Delicias y el Santuario Nacional, siendo recogida provisionalmente la imagen del Cristo de la Humildad en la iglesia del Rosarillo y posteriormente en la iglesia de San Martín, para ser trasladada definitivamente al Santuario Nacional de la Gran Promesa, donde permaneció al culto hasta tiempos recientes. 
Como consecuencia de la recuperación de los desfiles de Semana Santa emprendida a partir de 1920 por el arzobispo Gandásegui, en 1944 se fundó la Cofradía del Santo Cristo de los Artilleros, que inicialmente comenzó a desfilar recuperando la imagen procesional del Cristo de la Humildad de José de Rozas, aunque años después la imagen fue sustituida por el Ecce Homo de Gregorio Fernández, propiedad de la Cofradía de la Vera Cruz2.   
Sería en octubre de 2013 cuando el nuevo Cabildo de la Cofradía de la Piedad comenzó los trámites de recuperación de la imagen que, tras ser restaurada, recibió la autorización del arzobispo de Valladolid para ser reincorporada a los desfiles procesionales en 2015 y, como patrimonio de la misma, en 2016 fue trasladada a la iglesia de San Martín, donde la Cofradía tiene su sede canónica. Allí se encuentra colocada sobre un sencillo pedestal en la que fuera capilla barroca de San Juan de Sahagún, junto al retablo clasicista, procedente del desaparecido convento de San Francisco, que contiene la célebre imagen de la Piedad que tallara Gregorio Fernández en 1625, titular de la Cofradía.

El Ecce Homo de José de Rozas es una escultura de tamaño natural —132 cm. de altura— que representa a Cristo sedente siguiendo el modelo iconográfico de Gregorio Fernández en el paso de la Coronación de espinas de la Cofradía de la Vera Cruz de Valladolid. Como aquel, el escultor recurre a elementos postizos de carácter narrativo, como la caña que sujeta entre sus manos, amarradas con una soga, y la corona de espinas, a lo que se suma una clámide roja de tela natural encolada que recubre el cuerpo de los hombros a las rodillas aumentando su realismo. Durante la Semana Santa, la dramática escultura desfilaba como "Varón de Dolores", acompañada simbólicamente de una cruz y rodeado de los atributos de la Pasión, entre ellos el desaparecido gallo que le diera nombre.

La escultura es representativa del arte de José de Rozas en las postrimerías del siglo XVII, deudor de las representaciones pasionales de Gregorio Fernández por exigencias de los comitentes, aunque en ninguna de sus obras alcanza el hálito que el gran maestro gallego supo infundir a sus obras. Por el contrario, las obras de José de Rozas, a pesar de presentar una notable ejecución técnica, adolecen de una falta de vida interior que se traduce en cierta inexpresividad tanto en las facciones y el gesto introspectivo como en los ademanes discursivos.

Este Ecce Homo, que figura entre sus mejores obras, es buena muestra de ello, apareciendo Jesús con un buen modelado anatómico, semblante ensimismado con la mirada dirigida hacia abajo, con aplicación de ojos de cristal y la boca entreabierta, la oreja izquierda visible entre la melena siguiendo la tradición fernandina, sujetando con su mano derecha una caña y con la izquierda insinuando un gesto de perdón. Su contenida gesticulación no es acompañada por la policromía de las carnaciones, que presenta un cuerpo tremendamente llagado, con profusión de regueros sanguinolentos en las rodillas, pecho y rostro, acentuando un aspecto de gran fragilidad emocional que se encuentra distante de la dignidad del modelo de "la gubia del Barroco" en la Coronación de espinas.
Estilísticamente, el trabajo de la cabeza presenta similitudes con la del Nazareno que José de Rozas realizara en 1693 para el Paso de la Verónica de la Cofradía de Jesús Nazareno de Palencia, a imitación del paso Camino del Calvario realizado por Gregorio Fernández en 1614 para la Cofradía de la Pasión de Valladolid.

LA HUELLA DEL ESCULTOR JOSÉ DE ROZAS             

José de Rozas nació en fecha imprecisa posiblemente en Valladolid, pues era hijo de Isabel Fernández y Alonso de Rozas, uno de los escultores gallegos que recalaron junto al Pisuerga a mediados del siglo XVII, en este caso oriundo de Santa María de Germán, perteneciente al obispado de Mondoñedo. Junto a su padre debió de realizar su formación asumiendo las tendencias del ámbito vallisoletano, marcadas a lo largo del siglo por los modelos del gran Gregorio Fernández.

En los años 80 del siglo XVII ya tenía taller propio, residente en el barrio de San Miguel y casado con Dorotea Francisca Berguera, con la que tuvo un hijo llamado José Pascual, que también sería escultor al servicio de Gregorio Díaz de la Mata. Muchos de sus trabajos les realiza asociado a otros escultores, siguiendo una práctica habitual, llegando a establecer una relación de amistad con el escultor Juan Antonio de la Peña, ambos vinculados a la cofradía de Jesús Nazareno, y con el escultor burgalés Andrés de Pereda, que como él posiblemente se había formado en el taller de su padre, trabajando en ocasiones como colaboradores.

Su producción, reclamada desde Valladolid, León, Monforte y Bilbao, se prolonga durante la primera década del siglo XVIII, conociéndose que, enfermo de gravedad, otorgaba su testamento en 1707, aunque su muerte se produjo en 1725, siendo enterrado en la desaparecida iglesia de San Miguel.

El corpus de su obra todavía es un trabajo por completar, conociéndose que en 1685 contrata, en colaboración con Andrés de Pereda, algunas esculturas para dos retablos colaterales del oratorio de San Felipe Neri de Valladolid, siendo apreciable su estilo en el modo de tallar los ojos, cabellos y plegados del grupo de San José con el Niño, que permanece in situ, grupo que mantiene la influencia del modelo fernandino, aunque con diferente tratamiento de los paños, menos quebrados y más dinámicos.

Documentado es el grupo de la Asunción que por importe de 1300 reales hacía en 1689 para la iglesia parroquial de Pozaldez, compuesto por la Virgen con los brazos desplegados y una corona de seis ángeles que en un transparente preside el retablo mayor. 
El 9 de julio de ese mismo año, asociado al ensamblador Blas Martínez de Obregón, contrata con la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y Santos Mártires unas esculturas para el retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, más conocida como el Rosarillo, en el que también interviene el escultor Antonio Vázquez, correspondiéndole posiblemente las imágenes de los dos Ángeles portaestandartes que coronan el ático, que siguen los arquetipos de Gregorio Fernández.

Hacia 1690 elabora la bella imagen de San Miguel que preside el retablo fingido que pintara Felipe Gil de Mena para la sacristía de la iglesia jesuítica de San Ignacio (actual iglesia de San Miguel y San Julián), donde aparece colocado ante una ventana que adquiere el valor de un transparente, tan del gusto de la época, siéndole también atribuidos los arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael que, junto a una Inmaculada, aparecen en el retablo de la capilla de San Miguel de la iglesia de San Albano (Colegio de Ingleses), obras realizadas en esos momentos.

José de Rozas. Nazareno del paso de la Verónica, 1693
Cofradía de Jesús Nazareno, Palencia
En 1691 está documentado el encargo del Ecce Homo de la iglesia de San Martín por la Cofradía de la Piedad de Valladolid, a la que pertenecía el escultor, al que siguieron en 1692 el paso procesional de la Lanzada de Longinos y en 1693 el Nazareno del Paso de la Verónica, ambos encargos de la Cofradía de Jesús Nazareno de Palencia. En el paso de Longinos, copia de un modelo vallisoletano conservado fragmentariamente que también fue demandado desde Medina de Rioseco y Sahagún, José de Rozas colaboró con Antonio Vázquez, apreciándose entre ellos una gran diferencia en la calidad de la talla, pues mientras el crucificado mantiene el digno nivel de Rozas, las figuras de los sayones son distantes copias de los modelos originales. Otro tanto ocurre con el paso de la Verónica, en el que las figuras de la Verónica y un sayón, obras de Antonio Vázquez, y las del Cirineo y otro sayón, elaboradas por Bernardo López de Frías, no alcanzan la altura del Nazareno de Rozas, que presenta una escueta túnica tallada concebida para ser cubierta por otra de telas reales.

José de Rozas. Izda: Asunción, 1689, iglesia parroquial de Pozaldez
Dcha: San José y el Niño, 1685, iglesia de San Felipe Neri, Valladolid
En el acta de la reunión del cabildo de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid, celebrada el 24 de abril de 1696, se relaciona que reunidos los pasos en la iglesia de San Pablo con motivo de la procesión del Entierro de Cristo y el sermón de la Soledad, se hundió el paso del Santo Sepulcro y se hicieron pedazos las figuras de los dos ángeles custodios que como los soldados durmientes eran obra de Alonso de Rozas. Tras ese trance, su hijo José de Rozas, perteneciente al cabildo de la hermandad, se comprometía a elaborarlos de nuevo exigiendo como contraprestación que la cofradía le eximiera de portar el preceptivo guión durante las procesiones, siéndole también encomendada en la ocasión una nueva urna para depositar el Cristo yacente.

Los Ángeles elaborados por José de Rozas, de tamaño natural —1,67 y 1,72 m.—,  se ajustan a una estética común en las figuras angélicas vallisoletanas, seguramente reproduciendo los modelos deteriorados de su padre, aunque como en toda la obra del escultor, presentan cierto hieratismo en el gesto, en este caso con una cuidada policromía a base de vistosos motivos florales. En opinión de Wattenberg y García Cuesta, en lugar de realizar una nueva urna —la actual presenta un diseño clasicista de comienzos del XVII— debió de tallar una nueva imagen del Cristo yacente que imita con fidelidad el arquetipo de Gregorio Fernández, con el cuerpo dispuesto sobre un sudario extendido y la cabeza reposando sobre cojines, así como con aplicaciones de postizos como ojos de cristal y corcho en las llagas. Este conjunto se halla actualmente recogido en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

José de Rozas. Izda: San Miguel, h. 1690, iglesia de San Miguel, Valladolid
Dcha: Ángel del paso Santo Sepulcro, 1696, Museo Nacional de Escultura
Alrededor de 1700 José de Rozas elabora una escultura del arcángel San Miguel que fue destinada al retablo mayor de la iglesia de la Asunción de la población vallisoletana de Villabáñez, obra que guarda muchas similitudes con la realizada diez años antes para la sacristía de la iglesia de la Compañía de Jesús de Valladolid.  En 1705 se le abonan varias esculturas que había entregado para la iglesia de San Bartolomé de Astorga, siéndole también atribuidas por Martín González3 las esculturas del retablo de San Cayetano de la iglesia de San Miguel, un Santo Cristo de la villa de Pollos (Valladolid), cuatro ángeles encargados por Pedro de Rivas para la caja del órgano del monasterio de San Benito el Real y un San Jerónimo que integró la desmembrada sillería del monasterio de Nuestra Señora de Prado, en todos los casos acusando la influencia ejercida por los modelos de Gregorio Fernández.              

José de Rozas. Cristo yacente del paso Santo Sepulcro, h. 1696
Museo Nacional de Escultura, Valladolid (Foto MNE)

Informe y fotografías: J. M. Travieso.


NOTAS

1 AGAPITO Y REVILLA, Juan: Las cofradías, las procesiones y los pasos de Semana Santa en Valladolid. Imprenta Castellana, Valladolid, 1925. Edición facsímil Maxtor, Valladolid, 2007, p. 79.

2 AGAPITO Y REVILLA, Juan: Las cofradías..., op. cit., p. 80.

3 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura Barroca Castellana. Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1958, p. 304.





José de Rozas. Crucificado del paso de la Lanzada de Longinos, 1692
Cofradía de Jesús Nazareno, Palencia (Foto Javier Baladrón)














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22 de marzo de 2017

Curso: PATRIMONIO EN CLAUSURA. HISTORIA Y ARTE DE LAS CLAUSURAS FEMENINAS DE VALLADOLID, marzo-abril 2017



"10 AÑOS DE DOMUS PUCELAE"













Con motivo de la celebración de los "10 años de Domus Pucelae", esta asociación cultural vallisoletana ha organizado con el Centro Buen Día y la Universidad de Valladolid un curso, excepcional por infrecuente, dedicado al patrimonio que se conserva en las clausuras femeninas vallisoletanas, en la mayoría de los casos poco conocido por ser poco visible.

El curso, una vieja aspiración desde hace años que se hará realidad durante los meses de marzo y abril, viene a complementar al que se celebrara dedicado a la "Arquitectura palaciega en el Valladolid de la Corte" en el año 2012, por entonces contando con la colaboración de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Valladolid, cuyas ponencias fueron recogidas en una interesante publicación que vio la luz aquel mismo año.

Como en aquella ocasión, el curso consta de dos partes, una de tipo académico, con una serie de conferencias impartidas los viernes por especialistas, y otra de carácter más lúdico y divulgativo, con visitas en las mañanas de los sábados a los diferentes conventos y clausuras guiadas por profesores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, manteniendo el aliciente de que algunas de las conferencias se impartirán en el propio recinto conventual.

La laboriosa organización de este evento sin precedentes en Valladolid tiene como coordinador a Ramón Pérez de Castro, del Dpto. de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, que ha gestionado la colaboración del Arzobispado de Valladolid, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, del Museo de la Universidad de Valladolid, del grupo de investigación GIR idintar, del Museo de San Joaquín y Santa Ana y del Ayuntamiento de Valladolid, logrando que abran sus puertas a los estudiosos del arte los monasterios de la Concepción del Carmen, Santa María la Real de las Huelgas, la Asunción de las Descalzas Reales, San Joaquín y Santa Ana, Santa Clara, la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Porta Coeli y Santa Isabel de Hungría.

La expectación por el curso entre los socios de Domus Pucelae ha sido tal, que ante la masiva petición de inscripciones, dado el número restringido de plazas por las características de los espacios a visitar, las solicitudes han participado en un sorteo que se celebró el pasado día 14 de marzo.

Deseamos a los afortunados que disfruten de esta ocasión única a partir del próximo 24 de marzo.





















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